En solo tres meses, las aguas del Mediterráneo han devuelto a la orilla de las Islas Baleares el trágico balance de 15 cadáveres de migrantes. Este hecho desgarrador no es solo un número; son historias, sueños y esperanzas que se han perdido en la inmensidad del océano.
La realidad dura que enfrentan muchos
La situación ha llegado a ser tan alarmante que, hace unos días, se realizaron rescates en aguas de Cabrera, donde 45 migrantes fueron salvados de dos embarcaciones precarias. Cada vida rescatada es un rayo de esperanza, pero también nos recuerda la lucha constante y los riesgos que enfrentan aquellos que buscan una vida mejor.
No podemos ignorar el eco del dolor que resuena con cada noticia sobre esta crisis humanitaria. Las palabras del gobierno suenan huecas cuando reconocen el drama en las Canarias, pero se niegan a aceptar nuevos repartos. ¿Acaso no hay lugar para más humanidad? ¿Vamos a seguir mirando hacia otro lado mientras se repiten estas tragedias?
Las entidades sociales han alzado la voz: «El batle apoya a sus amigos y esto no puede continuar así». La indignación crece entre nosotros; ¿cuánto más vamos a permitir que esto suceda? No son solo números, son personas. Debemos hacer frente a esta crisis con empatía y acción concreta.