La situación se ha vuelto tensa. La Unión Europea, cansada de las imposiciones del presidente Trump, ha decidido dar un paso al frente con un plan que busca reducir a toda costa las importaciones de acero que llegan desde Estados Unidos. ¿Y qué significa esto para nosotros? Bueno, en primer lugar, es un intento por proteger nuestra industria y nuestros trabajadores, algo que todos deberíamos celebrar.
Un movimiento necesario
No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras el monopolio del acero estadounidense amenaza nuestro mercado. Este nuevo plan es una respuesta directa a la política comercial agresiva de Trump, que parece no entender el daño que está causando a los países europeos. Es hora de poner límites y defender lo nuestro.
Pero no todo queda aquí. También hay otras preocupaciones en la agenda europea, como el virus del papiloma humano que sigue acechando y cómo la falta de vacunación puede llevar a situaciones graves. Y es que, mientras unos juegan al monopoly con nuestras industrias, otros luchamos por preservar la salud pública.
En este contexto, no podemos olvidar las diferencias palpables entre nuestra educación pública y concertada; dos mundos separados por solo 550 metros en algunas ocasiones. A menudo escuchamos voces como la de Vicenç Vidal advirtiendo sobre la necesidad de visibilizar problemas graves como el acceso a la vivienda en las Islas Baleares. Sin duda, hay mucho más en juego de lo que parece.