La historia de Cala Llamp ha dado un giro inesperado. Los días en que doce apartamentos ilegales ocupaban la costa han quedado atrás. La comunidad, cansada de ver cómo el turismo desmedido arrasaba con su entorno, ha decidido ponerle fin a esta situación. Y es que, ¿quién puede seguir mirando hacia otro lado cuando lo que está en juego es nuestro hogar y nuestra identidad?
Un paso hacia la sostenibilidad
A través de esfuerzos colectivos y mucha perseverancia, se ha logrado lo que parecía imposible. Esta acción no solo representa una victoria para los vecinos de la zona, sino también un llamado a la reflexión sobre el futuro del turismo en nuestras costas. Hay quienes piensan que tirar a la basura la normativa es una solución, pero aquí se demuestra lo contrario: respetar el entorno es posible.
Las voces en contra del monocultivo turístico son cada vez más fuertes y claras. No podemos permitir que nuestros paisajes sean devorados por construcciones ilegales o mal gestionadas. La comunidad se une para proteger su legado, defendiendo lo que realmente importa: nuestra tierra y nuestras tradiciones.