Margalida Ramis era mucho más que un nombre; era una persona que vivía cada día como si fuera el último. Su hermana mayor recuerda con cariño cómo le encantaba mudarse y maquillarse, transformándose en la protagonista de su propia historia. Esta no es solo una crónica sobre su vida, sino un homenaje a esos pequeños momentos que marcan la diferencia.
Un destello de alegría en cada zapateado
La vida está llena de anécdotas que nos hacen sonreír. Julià Picornell, otro entrañable personaje, también tiene su historia. Su hermano Climent lo recuerda haciendo zapateados a la flamenca cuando estaba feliz. ¿Quién no ha tenido un momento así? Esos instantes espontáneos que parecen sacados de una película son los que dan sabor a nuestra existencia.
Y qué decir de Fanny Tur, cuya amiga Paquita Guasch comparte la imagen entrañable de ella llevando una foto de Felipe González en su carpeta. Esto demuestra cómo lo político puede entrelazarse con lo personal, creando recuerdos imborrables.
Pau Franch también dejó huella; según cuenta su padre, hizo un striptease delante de todos tras comulgar. Sí, así es la vida: llena de sorpresas y risas inesperadas.
Aquí estamos hablando no solo de recuerdos personales, sino también del tejido social que nos une como menorquines y catalanoparlantes. En tiempos donde algunos quieren tirar por la borda nuestra identidad cultural, estos relatos son un recordatorio del valor que tienen nuestras historias compartidas.
No olvidemos nunca a personas como Margalida y todos aquellos que dejaron su marca en nuestras vidas con sus risas y locuras.