En una fría noche, cuando el termómetro marcaba -15°C, Sara García Alonso se vio obligada a hacer frente a una experiencia que jamás olvidará. Con la nieve cubriendo todo a su alrededor, tuvo que improvisar un bivac y enterrarse en la nieve para mantenerse caliente. A medida que los minutos se convertían en horas, el frío parecía apoderarse de ella, pero su espíritu luchador le recordó que la supervivencia era su única opción.
Una historia de resistencia
«No fue fácil», nos cuenta Sara con una voz entrecortada por las emociones. «Cada respiración era un desafío; sentía cómo el hielo intentaba robarme el calor vital. Pero lo superé». En medio de esa adversidad, se dio cuenta de que cada instante contaba y de que dentro del desamparo podía encontrar fuerza.
La experiencia no solo le dejó huellas físicas; también marcó un antes y un después en su vida. Vivir aquella noche durísima le abrió los ojos a lo frágil y valioso que es nuestro tiempo aquí. Nos recuerda la importancia de estar preparados para cualquier situación inesperada, incluso cuando parece que todo está en contra.
No cabe duda de que situaciones como esta ponen a prueba nuestra resiliencia. Hoy, Sara nos inspira a todos con su valentía y determinación para seguir adelante ante las adversidades. Su historia es un claro recordatorio: cada reto es una oportunidad para aprender y crecer.