En un rincón de las Islas Baleares, donde la nieve cubre el Puig Major como un manto blanco, se vive una realidad que merece ser contada. Sara García Alonso, una valiente aventurera, relata su experiencia desgarradora: «Tuve que sobrevivir una noche haciendo bivac, enterrada en la nieve a -15°C». Su historia nos recuerda que la naturaleza puede ser tanto un refugio como un desafío.
La protesta de las entidades sociales
Pero no todo es calma en este paraíso. Mientras unos buscan aventuras en la montaña, otros alzan la voz contra el monocultivo turístico. En una carta contundente, varias entidades sociales han declarado: «No necesitamos más turistas; sois la fuente de nuestro problema». Esta frase resuena con fuerza, recordándonos que detrás del esplendor turístico hay una comunidad que lucha por mantener su identidad y sus recursos.
Y así, entre historias de supervivencia y protestas por un futuro más sostenible, Baleares se enfrenta a un dilema crucial. ¿Cómo equilibrar el amor por nuestra tierra con el impacto del turismo masivo? La respuesta está en nuestras manos.