La pregunta que todos nos hacemos en estas tierras es clara: ¿dónde se van a acomodar los 230.000 nuevos habitantes que se prevé llegarán a nuestras islas? Es un tema que, si bien parece lejano, está más cerca de lo que pensamos. En medio de la crisis habitacional y el monocultivo turístico que asola nuestras costas, la situación es alarmante.
Recordemos cómo en tiempos pasados, cuando todo parecía un cuento de hadas, la llegada del turismo prometía prosperidad. Pero hoy, esa misma prosperidad nos ha llevado a una encrucijada. Muchos de nosotros hemos visto cómo nuestros pueblos han cambiado su esencia por la presión inmobiliaria.
Las voces de la comunidad
Las palabras del alcalde resonan con fuerza: “No podemos seguir tirando a la basura nuestra identidad cultural”. Esta frase refleja el sentir de muchos vecinos preocupados por lo que vendrá. ¿Cómo vamos a mantenernos unidos y fuertes ante este crecimiento descontrolado?
No solo nos enfrentamos al dilema del espacio; también debemos considerar cómo esto afecta nuestro estilo de vida y bienestar. La vivienda debe ser un derecho fundamental, no un lujo reservado para unos pocos.
Estamos ante una oportunidad para replantearnos qué queremos para nuestro futuro. El camino no será fácil, pero si hay algo claro es que juntos tenemos que luchar por unas Islas donde haya espacio para todos y donde nuestra cultura no se diluya en el asfalto.