En un giro inesperado, los hoteleros de Mallorca han salido al paso para negar de forma rotunda que la isla esté sufriendo una masificación turística. Las declaraciones no han pasado desapercibidas en un contexto donde el turismo es el motor económico, pero también una espada de doble filo. En palabras de Prohens, uno de los representantes más visibles del sector: «Si llegan más turistas, pero están mejor distribuidos, estamos en el camino correcto». Pero, ¿es realmente así?
Un destino sostenible sin acciones concretas
A medida que las Balears se presentan en la ITB de Berlín como un lugar ideal para unas vacaciones sostenibles, muchos se preguntan si hay medidas reales detrás de este discurso optimista. Los vecinos y varias entidades ecologistas claman al Consell de Mallorca que detenga iniciativas como la Mallorca 312, señalando que estas acciones pueden ser un tirón a la basura para el equilibrio ecológico. Es evidente que se necesita un debate serio sobre cómo queremos recibir a nuestros visitantes.
No podemos ignorar las voces críticas que surgen con cada nuevo anuncio relacionado con el turismo. La polémica por el programa del 8-M en Cort ha dejado claro que algunos políticos confunden conceptos fundamentales como el Día Internacional de la Mujer con otros mucho menos relevantes. Mientras tanto, otros actores locales observan cómo su comunidad podría verse afectada por decisiones tomadas desde lejos.
No podemos dejar pasar por alto esas historias cotidianas que nos conectan a todos. Desde Asun Gallardo, quien ha transformado una escuela en Son Gotleu en un modelo pedagógico a seguir; hasta el hipódromo de Manacor, donde los caballos dan paso a perros que serán descalificados si causan molestias. Estos son ejemplos claros de cambios necesarios y urgentes.