En un rincón del Mediterráneo donde la belleza es innegable, se esconde una realidad cruda y desgarradora. La escasez de vivienda está atrapando a muchas mujeres que sufren violencia machista, dejándolas sin un lugar seguro al que ir. Mientras nuestras playas lucen llenas de turistas, hay quienes no encuentran ni una esquina donde refugiarse.
¿Qué pasa con ellas? En esta lucha diaria por sobrevivir, muchas se sienten completamente solas. Las instituciones parecen más preocupadas por el turismo masivo que por ofrecer soluciones reales. ¿De verdad tenemos que tirar a la basura los derechos humanos en favor de unos pocos euros más en la industria turística?
Sólo un camino hacia adelante
Aunque algunos políticos insisten en construir más como única solución al problema habitacional, el enfoque debe ser más profundo y humano. No se trata solo de levantar edificios; se trata de crear hogares seguros para quienes más lo necesitan. Es hora de cambiar el chip y priorizar el bienestar de nuestra comunidad sobre intereses económicos efímeros.
En este contexto, voces como la directora Asun Gallardo nos recuerdan que hay formas alternativas y efectivas de hacer las cosas. Ella ha transformado su escuela en un ejemplo pedagógico a seguir, mostrando que sí hay esperanza si trabajamos juntos. Así que, ¿por qué no extender esa misma energía a otras áreas críticas como la vivienda? La solución está ahí fuera; sólo hace falta voluntad política y empatía.