En un mundo que parece estar más centrado en el beneficio inmediato que en el bienestar del planeta, la idea de consumir más suelo rústico para poner placas solares resulta, como mínimo, desalentadora. Imagina por un momento que podemos generar energía limpia sin sacrificar nuestros paisajes y tierras fértiles. Eso es lo que se está discutiendo ahora mismo, y es hora de poner las cartas sobre la mesa.
El dilema entre sostenibilidad y desarrollo
Las Islas Baleares están en una encrucijada. Por un lado, necesitamos avanzar hacia energías renovables; por otro, no podemos permitirnos convertir nuestro entorno natural en un mero monocultivo turístico. Como bien dice Gonzalo Delacámara: “Hay más gente en el mundo con móvil que con váter”. Esto nos lleva a reflexionar sobre nuestras prioridades y cómo estamos tratando nuestro hogar.
No se trata solo de llenar campos de placas sino de buscar alternativas creativas que respeten tanto el medio ambiente como nuestra cultura local. Debemos unir fuerzas para exigir soluciones innovadoras que no impliquen destruir lo que hemos heredado. Es tiempo de actuar ya, porque tirar a la basura nuestra tierra no debería ser una opción.