En un giro desgarrador de los acontecimientos, la tranquila isla de Eivissa se ha visto sacudida por la noticia del hallazgo de una persona muerta dentro de un vehículo. Este descubrimiento, que nos deja con el corazón encogido, resalta no solo las dificultades que atraviesan muchos en nuestras comunidades, sino también la falta de soluciones ante problemas que llevamos años arrastrando.
La angustia de los vecinos
Mientras tanto, el torrent de Sant Llorenç sigue siendo un punto crítico; cada vez que llueve, la ansiedad entre los residentes crece. Siete años esperando respuestas y nada parece cambiar. Nos preguntamos: ¿Cuánto más vamos a tener que soportar esta incertidumbre?
A medida que seguimos escuchando sobre fenómenos como la continua ola de calor en nuestras aguas Baleares desde noviembre, reflexionamos sobre cómo estamos tratando nuestro entorno. La idea de un monocultivo turístico nos empieza a parecer más bien una condena. Y si esto fuera poco, también vemos cómo nuestros jóvenes están perdiendo clases importantes por falta de profesorado.
No podemos seguir ignorando estas realidades. Con cada historia que emerge —como la reciente identificación de Josefina García, una miliciana asesinada en Manacor— entendemos que hay verdades ocultas y heridas abiertas en nuestra sociedad que demandan atención inmediata.
El Pacte per la sostenibilitat ha puesto sobre la mesa más de un centenar de objetivos necesarios para abordar estos desafíos. Es hora de involucrar a todos los sectores y no dejar atrás a las entidades civiles. ¿No es eso lo que realmente necesitamos? Una voz colectiva para construir el futuro que todos merecemos.