En los últimos diez años, las Baleares han visto como se desvanecía parte de su riqueza agrícola, con 28.500 hectáreas de tierra cultivable que han pasado a ser historia y 1.700 explotaciones agrarias cerradas. Esto no solo es un golpe al sector agrícola, sino también a la identidad de unas islas que siempre han tenido en sus tradiciones un pilar fundamental.
La realidad amarga del monocultivo turístico
No podemos ignorar que el monocultivo turístico ha devorado nuestras tierras. Esta situación es especialmente dolorosa para aquellos que han dedicado su vida a trabajar la tierra, muchos de ellos ahora enfrentan el desánimo y la incertidumbre. ¿Qué pasará con las futuras generaciones? Es triste pensar que nuestros hijos podrían no conocer el olor a tierra húmeda o el sabor auténtico de nuestras frutas.
A veces me pregunto si realmente valoramos lo que tenemos o si simplemente tiramos a la basura nuestra herencia cultural por un puñado de euros más. Y mientras tanto, quienes manejan los hilos parecen más preocupados por satisfacer a especuladores que por cuidar nuestro patrimonio.
No es solo una cuestión económica; esto afecta nuestra forma de vivir, nuestra conexión con la naturaleza y nuestras raíces. Nos toca reflexionar sobre cómo queremos seguir avanzando como comunidad y qué legado queremos dejar atrás.