En una jornada donde el sol brillaba con fuerza sobre los viñedos de Mallorca, Vi de la Terra se llenó de vida y emoción al celebrar el Día del Viticultor. No se trataba solo de un evento más; era un homenaje a quienes, con su esfuerzo y dedicación, han mantenido viva una tradición que nos conecta con nuestras raíces. La comunidad vitivinícola se reunió para reafirmar su compromiso hacia la denominación de origen, mostrando al mundo que en cada botella hay una historia que contar.
Un legado que perdura
Mientras las copas tintineaban en señal de alegría, muchos reflexionaron sobre el camino recorrido hasta aquí. En un momento donde los monocultivos turísticos amenazan nuestra identidad cultural, esta celebración fue un recordatorio potente: la tierra no es solo un recurso, es nuestro hogar. El espíritu del viticultor no se rinde ante las adversidades; al contrario, florece en cada cosecha.
A medida que avanzaba el día, las conversaciones giraban entre risas y anécdotas. Todos coincidían en algo: el vino no solo acompaña nuestras comidas, sino también nuestros momentos más importantes. Así que levantemos nuestras copas por los viticultores que hacen posible todo esto. Este Día del Viticultor es más que una celebración; es un acto de resistencia y amor por nuestra tierra.