El pasado fin de semana, Inca se vistió de gala para recordar a Andreu París, un símbolo de la lucha y la resistencia. En un ambiente cargado de emoción, amigos y familiares se dieron cita en el Memorial de l’Oblit, donde la memoria del pasado se entrelazó con las historias de quienes aún luchan por la justicia.
Este homenaje no solo fue un acto simbólico; fue una llamada a la reflexión sobre lo que significa realmente lealtad en tiempos convulsos. Pau Ferrer, uno de los pocos militares que mantuvo su fidelidad a la República desde el principio, destacó: «La historia no debe olvidarse, debemos aprender de ella para no repetir los mismos errores». Estas palabras resonaron fuerte entre los presentes, recordándonos que el pasado tiene mucho que enseñarnos.
Un recuerdo vivo en nuestra comunidad
No obstante, hay quien dice que las instituciones gobernadas por el PP han dejado a muchos en el olvido. Este homenaje, aunque lleno de sentimiento y significado, nos hace preguntarnos si realmente existe una voluntad política genuina para recordar y honrar a quienes sufrieron bajo el régimen franquista. Porque al final del día, es fundamental que nuestras instituciones también reflejen nuestra historia colectiva y se posicionen al lado de quienes fueron silenciados.
Entre risas y lágrimas, este evento recordó que cada placa o nombre mencionado lleva consigo una carga emocional profunda. Desde luego, nadie puede negar que momentos como estos son necesarios para mantener viva la llama del recuerdo y asegurar que las nuevas generaciones entiendan su propia historia.