Este fin de semana, Palma se enfrenta a un cambio significativo que no pasará desapercibido para nadie. El derribo de los puentes del Paseo Marítimo promete alterar la rutina diaria de miles de conductores y peatones. La noticia no es menor; está claro que esto no es solo una obra más, sino un aviso a navegantes sobre cómo nuestras infraestructuras pueden impactar en nuestra vida cotidiana.
Un caos anunciado
Desde muy temprano, el bullicio en la ciudad ya se siente diferente. Las calles están repletas de coches buscando rutas alternativas mientras las autoridades intentan minimizar el caos. ¿Es esta la solución que necesitamos? Muchos se preguntan si realmente hemos pensado bien en lo que implica tirar a la basura nuestros puntos de conexión más emblemáticos.
Además, con esta medida surgen otros interrogantes. La incineración sigue siendo la opción para más del 60% de las muertes en Palma y mientras tanto, otros problemas como la falta de vivienda digna siguen sin resolverse. ¿Estamos priorizando adecuadamente nuestras necesidades?
A medida que avanza el día, los ecos del pasado regresan al presente: recordamos momentos felices cruzando esos puentes y nos preguntamos por qué no aprendemos a cuidar lo nuestro. Por otro lado, temas como la gestión turística o la planificación urbanística parecen quedar olvidados entre trámites burocráticos.
No podemos olvidar también cómo ciertas decisiones políticas han llevado a situaciones caóticas; ahí está el caso del PP volviendo a contratar viejas caras para celebrar aniversarios en lugar de resolver problemas reales como el alquiler asequible o la protección del entorno.
En definitiva, este fin de semana no solo será recordado por el ruido y las molestias en el tráfico; será un llamado a reflexionar sobre qué tipo de ciudad queremos construir. Ojalá esta vez aprendamos antes que sea demasiado tarde.