En las Islas Baleares, una realidad preocupante se cierne sobre casi 200.000 personas, quienes viven bajo la sombra de la pobreza. Este dato no es solo una cifra fría; son vidas, sueños y esperanzas que se ven amenazadas día tras día.
Mientras tanto, los partidos políticos siguen atados a sus propios intereses, dejando que esta situación se agrave. Las denuncias por abusos contra un político de izquierdas parecen ser un mero espectáculo mediático hasta que no lleguen a los tribunales. Pero, ¿acaso necesitamos más pruebas para actuar?
La dura realidad de la juventud balear
A medida que avanzamos en este contexto, nos encontramos con jóvenes explotados y mal pagados, atrapados en trabajos precarios que apenas les permiten subsistir. La desocupación empieza a hacerse notar en lugares como el hotel de Alcúdia, donde más de un centenar de personas han visto cómo su hogar se convierte en una incertidumbre.
Las palabras del periodista Jair Domínguez resuenan: “No podemos quedarnos callados mientras nuestras comunidades sufren”. Y es que esta no es solo una historia local; es un grito colectivo por justicia y dignidad. Si no actuamos ahora, corremos el riesgo de convertir nuestras islas en un monocultivo turístico donde lo humano queda relegado a un segundo plano.