Imagina la escena: todos los ojos fijos en él, la expectación en el aire y, de repente, Pau Franch decide que el día es perfecto para hacer algo inesperado. Según cuenta su padre, durante su comunión, el niño hizo un ‘striptease’ que dejó a más de uno con la boca abierta. Una mezcla de inocencia y picardía que, sin duda, se convirtió en una historia memorable para todos los presentes.
Recuerdos que marcan
Pero esto no es solo una anécdota aislada. En cada rincón de Mallorca hay historias como esta. Bartomeu Marí recuerda cómo en casa no llegó la luz eléctrica hasta que ya eran mayores; un auténtico viaje al pasado. Ann Perelló nos sorprende con su relato sobre haber jugado al tenis contra la hermana de Rafel Nadal. Y Vicenç Vidal revela cómo forjaron una amistad basada en unas simples gafas y su torpeza deportiva. Estas vivencias son las que nos conectan y nos hacen reflexionar sobre lo que somos.
En Manacor, por ejemplo, hay expresiones y palabras que deberíamos llevar siempre con nosotros; son parte del alma mallorquina. En tiempos donde se habla tanto del monocultivo turístico o de decisiones políticas cuestionables, recordar estas historias es fundamental para entender nuestra identidad. Así seguimos navegando entre recuerdos y risas, disfrutando del legado cultural que nos une como comunidad.