En un momento en que la educación debería ser nuestra prioridad, los docentes han levantado la voz y nos advierten sobre un futuro incierto. Según ellos, la calidad educativa podría caer en picado a partir del próximo curso. Esto no es solo una preocupación aislada; muchos alumnos confían en sus profesores y ven en ellos una guía, un faro en medio de la tempestad.
Un grito de auxilio desde las aulas
La situación no es sencilla. La Conselleria de Educación ha pedido al Estado que los docentes con antecedentes penales, como Miquel Roldán, queden excluidos del ejercicio de su profesión. Un paso necesario, sin duda. Pero esto es solo la punta del iceberg. Los sindicatos también están alzando la voz, protestando por unas condiciones laborales que dejan mucho que desear para los funcionarios.
Con esta realidad sobre la mesa, no podemos quedarnos callados. Es hora de exigir cambios reales y efectivos para nuestras escuelas y nuestros niños. Ellos son el futuro y merecen algo mejor que un monocultivo turístico disfrazado de educación. Así que, ¿qué vamos a hacer? Nos toca actuar juntos por el bien común.