En la calidez de Mallorca, entre paisajes que nos roban el aliento y una cultura vibrante, se siente una necesidad urgente: poner fin al caos legislativo. La gente no quiere más promesas vacías; ellos exigen gestión eficiente y fondos adecuados.
Aquí no estamos hablando de trivialidades. El corazón de nuestra comunidad late fuerte por una transformación real, donde el monocultivo turístico no arrase con nuestras raíces. Como dice Juan Carlos Cirera, “la implantación del cultivo ecológico en arrossars debe ser un objetivo fundamental”. Y sí, tiene razón; necesitamos mirar hacia el futuro sin olvidar nuestro pasado.
Un grito colectivo por la educación
Y qué decir de la educación… Los docentes han levantado la voz: la calidad educativa va a sufrir. Si el Estado no actúa pronto para que profesionales como Miquel Roldán no puedan ejercer, ¿qué legado dejaremos a nuestros niños? La buena educación no es solo enseñar a leer o escribir; también es defender nuestro idioma y cultura. Nos une a todos.
A medida que avanzamos hacia este nuevo horizonte, recordemos que lo que está en juego es mucho más que leyes o presupuestos; es nuestra identidad como pueblo. ¡Es hora de actuar!