En las últimas semanas, el ecosistema educativo de Baleares ha empezado a sonar alarmas. Los docentes han alzado la voz con preocupación y es que, según ellos, la calidad de la educación está a punto de dar un giro hacia lo negativo. ¿Pero qué está pasando realmente? La realidad es que los cambios anunciados para el próximo curso son motivo de debate y no precisamente constructivo.
Los profesores advierten que si se permite a educadores condenados, como es el caso del conocido Miquel Roldán, seguir en las aulas, eso podría ser un golpe mortal para la reputación del funcionariado. Y aquí surge una pregunta inquietante: ¿realmente podemos permitirnos esa falta de criterio? La comunidad educativa no lo ve claro y su descontento va en aumento.
Una lengua y una identidad en juego
Además, la polémica sobre el uso del catalán sigue candente. Muchos piensan que dejar de hablar nuestra lengua materna sería un error monumental. Sebastià Alzamora, uno de los referentes en esta lucha cultural, nos recuerda que “la buena educación no pasa por olvidar nuestras raíces”. Así que ahí lo tienen; esta batalla es más que un simple conflicto académico; es una lucha por nuestra identidad.
A medida que avanza la situación, todo parece indicar que sin un cambio profundo en nuestras políticas educativas, los alumnos serán quienes paguen el pato. Ellos confían plenamente en sus maestros y merecen lo mejor para su futuro. En definitiva, nosotros debemos estar atentos a cómo se desarrollan estos acontecimientos porque el futuro de nuestra educación está en juego.