En casa de Bartomeu Marí, las luces eléctricas llegaron tarde, mucho más tarde de lo que se esperaba. Su hermano recuerda cómo la vida transcurría a oscuras, hasta que fueron lo suficientemente grandes como para ver la luz. Esa anécdota refleja no solo una realidad familiar, sino también una época en la que el progreso parecía un lujo lejano.
Recuerdos de antaño
Aquel hogar es un símbolo de tantas historias compartidas en nuestra sociedad. En tiempos donde la electricidad era un concepto abstracto para muchos, Bartomeu y su familia aprendieron a hacer frente a los retos con ingenio y perseverancia. La luz eléctrica llegó cuando ya habían aprendido a vivir sin ella, convirtiendo cada día en una pequeña aventura.
No se trata solo de un recuerdo nostálgico; es una crítica al ritmo del cambio y a cómo algunas comunidades aún quedan rezagadas. ¡Cuántos bares tradicionales están siendo salvados por manos extranjeras! En medio de esta modernidad desbordante, es vital recordar nuestras raíces y valorar lo que somos.
Las historias como la de Bartomeu son un recordatorio poderoso: no importa cuán rápido avance el mundo, siempre habrá espacio para el calor humano y los recuerdos entrañables que nos definen. Es tiempo de mirar hacia atrás con cariño y aprender a disfrutar del presente sin olvidar nuestro pasado.