El pasado fin de semana, la alfombra roja de los Premios Goya se convirtió en el epicentro del cine español. Con cada paso que daban las estrellas, el aire se llenaba de expectativas y nerviosismo. Allí estaban, luciendo sus mejores galas, pero más allá del glamour, había una historia que contar.
Centenares de caravanistas se manifestaron en Palma, clamando contra lo que consideran una ordenanza injusta. «Es discriminatoria y arbitraria», gritaban mientras levantaban pancartas que reclamaban un trato justo para su colectivo. Un eco que resonó no solo en la ciudad, sino en toda la comunidad.
Un momento inolvidable para recordar
Entre risas y lágrimas, el evento también sirvió para recordar a aquellos que han quedado atrás. La memoria histórica sigue sin resolverse; Menorca es testigo silencioso de tantas historias olvidadas. Y mientras algunos brillan con luz propia, otros esperan ser escuchados.
Como dijo Queco Novell en un momento de reflexión: «Todos merecemos un espacio donde compartir nuestras voces». Las palabras flotaron en el ambiente como un recordatorio de que detrás de cada éxito hay una lucha.
A medida que caía la noche, la ressaca dels Goya dejó huella en todos nosotros; momentos mágicos llenos de orgullo por nuestro cine y su diversidad. Porque al final del día, no solo celebramos películas; celebramos historias que nos unen como sociedad.