En un rincón del mundo que debería ser un paraíso, la realidad nos muestra una cara menos amable. En Santa Ponça, el poblat prehistòric del Puig de la Morisca ha sido víctima de la codicia y el desprecio. Oliver Franklin-Wallis, alzando la voz en medio del estruendo de las excavadoras, nos recuerda que cada seis meses emergen nuevos lugares donde se acumulan nuestros desechos. ¿Es esto lo que queremos para nuestro futuro?
Un llamado a la reflexión
Mientras muchos miran hacia otro lado, los investigadores de la UIB trabajan arduamente en EE.UU., mejorando la detección de ondas gravitacionales. Pero aquí, en casa, estamos más preocupados por soluciones mágicas para problemas evidentes. La viralidad no siempre es buena; un vídeo que ridiculiza el esfuerzo por mejorar nuestra educación ha dado vueltas por las redes.
Y mientras tanto, el turismo sigue creciendo como una sombra sobre nuestras islas. Los rescates han aumentado hasta triplicarse y, sorprendentemente, más de la mitad son turistas en apuros. Este monocultivo turístico está pasando factura y nosotros seguimos sin hacer nada al respecto.
Pese a todo, hay luces en esta oscuridad: librerías como Espirafocs renacen con nuevas ideas y voces frescas. Sin embargo, historias desgarradoras como las de mujeres obligadas a trabajar jornadas interminables por sueldos miserables nos recuerdan que no todo brilla bajo el sol balear.
La pregunta persiste: ¿hasta cuándo seguiremos permitiendo que nuestra cultura se degrade mientras tiramos a la basura nuestro patrimonio? Es hora de reaccionar antes de que sea demasiado tarde.