El cáncer se adelanta entre personas jóvenes, un fenómeno que ha suscitado la preocupación de los expertos en oncología. Un estudio internacional revela un alarmante aumento del 79% en los diagnósticos de tumores en individuos menores de 50 años desde 1990 hasta 2019. Esta tendencia se ha observado particularmente en países desarrollados, sugiriendo que el estilo de vida actual podría ser un importante contribuyente a este fenómeno.
Factores de riesgo asociados
La evidencia indica que muchos de los nuevos casos de cáncer en jóvenes están relacionados con alimentos procesados, sedentarismo y contaminación. Estos factores son marcadamente prevalentes en las sociedades occidentales, donde las dietas poco saludables y el aumento de la obesidad están a la orden del día. En particular, el cáncer de colon ha visto un aumento notorio en su incidencia, llevando al desarrollo del término “cáncer colorrectal de inicio temprano”.
Además, el consumo elevado de carnes rojas y procesadas se ha vinculado con este tipo de cáncer. La investigación también sugiere que la exposición a sustancias químicas como los PFAS, presentes en cosméticos y envases de alimentos, podría aumentar los niveles de estrógenos en el cuerpo, asociándose con un mayor riesgo de cáncer de mama.
Otro factor de riesgo destacado es la exposición solar excesiva, que se correlaciona con un incremento en los diagnósticos de melanoma. Aunque la concienciación sobre este riesgo ha llegado a un nivel mayor, el historial de la población, que incluía una exposición prolongada al sol sin protección, sigue influyendo en la actualidad.
En cuanto al cáncer de pulmón, un 10% de los nuevos diagnósticos corresponde a personas menores de 40 años. Estos casos tienden a estar menos relacionados con el consumo de tabaco y más con la exposición a factores como el gas radón y la contaminación ambiental.
Frente a este creciente desafío, se plantea la necesidad de revisar y posiblemente adelantar los cribados de cáncer en jóvenes. Expertos sugieren que estas pruebas podrían empezar a recomendarse a partir de los 40 años, buscando maximizar el beneficio de la detección temprana.
Aunque la comunidad científica está trabajando para entender las causas exactas detrás de este fenómeno, queda claro que el estilo de vida moderno juega un papel crucial en la creciente incidencia de cáncer en jóvenes. La combinación de una dieta deficiente, el sedentarismo y la exposición a factores ambientales nocivos requiere atención urgente para combatir esta preocupante tendencia.