En el corazón de Manacor, la emblemática plaza de la Torre está a punto de sufrir una metamorfosis que no deja a nadie indiferente. Este lugar, que ha sido testigo de innumerables momentos, verá cómo su esencia se adapta a las nuevas necesidades educativas. Pero, ¿es realmente lo que queremos? La idea de convertir este espacio histórico en un patio escolar plantea muchas preguntas sobre cómo valoramos nuestro patrimonio.
Un cambio necesario o un sacrificio innecesario
La decisión del Govern ha generado opiniones encontradas entre los vecinos. Algunos ven en esta transformación una oportunidad para revitalizar la zona y proporcionar a los estudiantes un entorno más amigable. Sin embargo, otros sienten que se está tirando a la basura una parte importante de nuestra historia. ¿De verdad necesitamos sacrificar lo tradicional por algo tan efímero como una reforma educativa?
Como bien dice Joan Mas i Vives: ‘Nunca he entrado en un aula como si fuera a una batalla’. Y es que la educación debería ser un viaje enriquecedor, no una lucha constante contra lo que somos. La crítica cultural está en peligro de extinción y eso nos afecta a todos.
A medida que esta plaza se prepara para su nuevo rol, debemos preguntarnos: ¿qué legado queremos dejar? Mantener vivas nuestras raíces es crucial para no perder nuestra identidad colectiva. Quizás deberíamos pensar más detenidamente antes de hacer cambios irreversibles.