La escoleta municipal de Santa Catalina, ese rincón tan querido por los vecinos, se prepara para cerrar sus puertas el próximo curso. Situada en la confluencia entre las calles Despuig y Colubí, este centro es uno de los pocos que todavía gestiona directamente el Ajuntament de Palma. Pero, lamentablemente, su estado de conservación ha llevado a la decisión inevitable de realizar obras. En el barrio, los padres se enfrentan a una dura realidad: no podrán matricular a sus pequeños aquí y tendrán que buscar opciones más alejadas.
El cierre y sus consecuencias
Fuentes del Consistorio han confirmado que las obras comenzarán en septiembre porque “hay que hacer una obra de rehabilitación”. Este año ya se notó un recorte en las plazas disponibles, así que se espera que solo unos pocos niños queden afectados. Sin embargo, esos pequeños sí tendrán asegurada su plaza en Santa Creu. Aunque claro, eso no significa que los padres no estén preocupados; al fin y al cabo, tendrán que solicitar plaza donde consideren conveniente.
Desde CC OO han alzado la voz para expresar su inquietud tanto por los trabajadores como por las familias afectadas. “Los empleados serán derivados a otras escoletas como las del Molinar o Son Roca porque no hay más opciones”, comentan fuentes sindicales. Además, aunque aseguran que “no se despide a nadie”, existe incertidumbre sobre el futuro de los trabajadores interinos.
A pesar de todo esto, hay algo claro: la escoleta necesita urgentemente reformas. Aunque no está claro cuándo comenzarán estas obras o cuándo volverá a abrir sus puertas, desde CC OO aseguran que regresará a formar parte del Patronat Municipal d’Escoles d’Infants (PMEI). Pero el miedo persiste entre las trabajadoras; temen que tras la rehabilitación sea gestionada por la Conselleria d’Educació y eso podría significar un cambio drástico para el personal actual.
No podemos olvidar lo sucedido con la escoleta municipal de Santa Creu, cerrada también por problemas similares y cuyos niños fueron trasladados al colegio concertado San Alfonso de María de Ligorio. Mientras tanto, esas instalaciones permanecen vacías y olvidadas.

