La reciente decisión del Gobierno de retirar el monumento de sa Feixina, justo cuando el Ayuntamiento de Palma estaba a punto de protegerlo con los votos del PP y Vox, ha vuelto a abrir un melón lleno de polémicas. Y es que, más allá del monolito en sí, surge la figura de Josep Tous i Ferrer, un personaje que merece ser recordado.
Tous i Ferrer, dueño del diario Última Hora y con una visión liberal que no encajaba para nada en la rígida estructura franquista, tuvo que navegar por aguas turbulentas en la España de posguerra. En un sistema donde la independencia era solo un espejismo, sus decisiones estaban marcadas por las presiones del poder. Y aquí es donde se complica la cosa.
La financiación del símbolo
Aquel monumento, levantado inicialmente mediante una suscripción popular impulsada desde su propio diario para involucrar a la sociedad en el proyecto, acabó convirtiéndose en una carga personal para él. La falta de fondos lo llevó a poner dinero de su bolsillo porque sabía que si no lo hacía, todo podría irse al traste. Y eso no podía permitírselo.
Su participación no fue simplemente un acto desinteresado ni mucho menos; más bien parece ser resultado de una coerción sutil, casi como una extorsión política donde negarse implicaba consecuencias graves. Para alguien cuyo negocio dependía del favor gubernamental, mantener buenas relaciones con las autoridades era cuestión de vida o muerte.
A pesar del esfuerzo económico titánico que realizó, le resultó imposible llevar este proyecto adelante sin ayuda externa. Fue entonces cuando el gobernador civil decidió intervenir con una donación que permitió terminar el monumento. Esto no solo refleja las dificultades personales que enfrentó Tous i Ferrer, sino también el interés institucional por asegurar este símbolo considerado fundamental.
El monumento a menudo se recuerda como un emblema incómodo asociado al crucero Baleares y al franquismo. Pero reducir su historia a esa simple etiqueta sería caer en la trampa de olvidar las circunstancias complejas bajo las cuales se erigió y las presiones sufridas por quienes hicieron posible su existencia.
Tous i Ferrer nos muestra esta realidad cruda: no era un ferviente defensor del régimen ni uno más dentro de esa maquinaria ideológica; era un empresario atrapado entre dos fuegos en un momento histórico complicado. Su papel debe ser entendido dentro ese contexto lleno de condicionantes donde colaborar o sobrevivir eran conceptos difíciles de distinguir.
La controversia sobre sa Feixina nos invita a reflexionar sobre cómo seguimos discutiendo nuestro pasado. Recordar a Josep Tous i Ferrer desde una óptica más matizada no significa reescribir lo ya escrito; es completar el relato entendiendo las dificultades personales y los imperativos sociales del momento. Porque conocer esas realidades es esencial para evitar lecturas simplistas sobre un pasado que sigue resonando hoy en día.

