Las intensas lluvias de este invierno han hecho que los habitantes del barrio de El Vivero se sientan cada vez más inquietos. ¿La razón? Un solar vacío, propiedad de un banco que parece estar esperando a alguien para venderlo, se ha convertido en un auténtico peligro. Las matas han crecido tanto que superan el metro de altura y junto a ellas, un cañizal está floreciendo con gran generosidad. En verano, este lugar seco puede transformarse en un verdadero infierno.
Peligro inminente para la comunidad
Un vecino preocupado de la calle Giuseppe Verdi ya ha empezado a prever lo que podría suceder cuando suban las temperaturas. «El año pasado sufrimos incendios muy graves aquí», dice con angustia. Y no le falta razón; los recuerdos aún están frescos. Imágenes del verano pasado muestran llamas devorando el solar y humo espeso obligando a los vecinos a escapar despavoridos.
Rafael García, presidente de la Associació de Veïns de El Vivero, recuerda cómo tras las lluvias, la vegetación ha crecido desmesuradamente: «Hace unos meses vinieron a limpiar pero ahora estamos igual o peor». La sensación es clara: en este barrio no se les hace caso como en el centro. Mientras ellos luchan con aceras destrozadas y una movilidad complicada, las promesas siguen sin cumplirse.
Aún esperan por la inauguración de las Cases de Son Ametller, una reivindicación histórica que lleva años dándose largas. Las obras terminaron en 2024 y aún no hay fecha para abrirlas al público. Este edificio del siglo XIX ha sido objeto de vandalismo y okupación mientras sus futuros usuarios aguardan pacientemente por algo que les prometieron hace más de una década.
Parece ser que los vecinos están cansados y tienen razones más que suficientes para estarlo. La lucha por su barrio es continua, pero el tiempo corre en su contra.

