La historia que se vive en la barriada del Rafal Vell de Palma es un reflejo más de lo que muchas familias están padeciendo en nuestra isla. La okupación de viviendas se ha convertido en una dura realidad, donde, como siempre, los propietarios son los que más sufren. En este caso, nos encontramos con una familia mallorquina cuya tranquilidad se ha visto truncada por la llegada inesperada de al menos una mujer a su piso, un ático relativamente nuevo, que había estado en el centro de polémicas similares.
Un golpe inesperado
Todo comenzó cuando la familia se vio obligada a hacer reparaciones en la terraza debido a una fuga de agua. Después de desocupar el piso para realizar las obras, descubrieron que la llave no giraba. ¿Y qué encontraron? Sorpresa total: alguien había forzado la puerta blindada y cambiado la cerradura. «No podíamos creerlo», recuerda la propietaria visiblemente afectada por esta situación tan angustiante. Su marido, además, está pasando por un delicado estado de salud, lo que hace todo aún más complicado.
Pero esto no es todo; los ocupantes incluso llamaron a la Policía Nacional asegurando que los dueños querían entrar para robar. «Fue increíble tener que demostrar que éramos nosotros los legítimos propietarios», relata con frustración esta jubilada mallorquina. A pesar de su esfuerzo por recuperar su hogar y presentar todas las pruebas necesarias ante las autoridades, las cosas no mejoran. Los okupas sostienen haber vivido allí durante quince días y presentan facturas como prueba de ello.
Como si eso fuera poco, han causado daños al intentar abrir acceso a áreas comunes del edificio. Las obras quedaron paralizadas y ahora hay una mujer viviendo allí quien afirma estar embarazada y usa esa condición como escudo contra el desalojo. Según sus palabras, pagó 2.800 euros a un hombre desconocido para alquilar el lugar.
En un intento desesperado por llegar a un acuerdo con ella, la propietaria escuchó palabras hirientes: «Me gusta este piso y no pienso irme». Esta actitud desafiante ha hecho aún más dolorosa la situación para quienes solo desean volver a disfrutar de su hogar.
Aquellos momentos difíciles han sido presenciados también por medios locales como Última Hora, quienes intentaron hablar con esta okupa sin éxito ya que se negó a abrirles la puerta debido al “miedo”. Sin embargo, ella misma confiesa sentirse engañada y busca un alquiler legítimo porque necesita un techo donde criar a su bebé.
Aquí estamos ante dos realidades chocando: una lucha personal por recuperar lo perdido frente a otra búsqueda desesperada por seguridad y estabilidad. Por ahora, los pasos legales están en marcha para desalojar el inmueble ocupado mientras todos esperan respuestas.

