Este viernes, cuando el sol comenzaba a ocultarse, unas 200 personas se dieron cita en Sa Presó, un lugar emblemático que ha visto demasiadas historias truncadas. Con pancartas en mano y una energía palpable, todos gritaron al unísono: “menos guerras y más vivienda”. No era solo una protesta; era un llamado desesperado por justicia social.
Unidos por la dignidad
A la convocatoria se sumaron más de 50 entidades, destacando el Sindicat de l’Habitatge de Palma (SHP), la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), así como otros colectivos como Menys turisme més vida o Médicos del Mundo. Todos juntos hicieron frente a una problemática que no cesa: el racismo inmobiliario que asola Mallorca y cómo cada día crecen los discursos que criminalizan a los más vulnerables.
Frente a la antigua prisión, con un despliegue policial significativo, se leyó un manifiesto claro y contundente. Desde el SHP advirtieron sobre las consecuencias devastadoras de la crisis habitacional. “Los precios del alquiler siguen subiendo mientras los desahucios son pan de cada día”, denunciaron. Pero eso no es todo; señalaron también cómo el Ajuntament de Palma está lavándose las manos al trasladar responsabilidades del desalojo a otras instituciones, dejando a más de 200 personas sin ninguna alternativa.
Entre los manifestantes estaban Gema y Aurora, quienes compartieron su angustia: “Hasta nuestros vecinos nos traen comida y mantas. Pero si nos echan, ¿dónde iremos? Nos dispersaremos por toda Palma”. Esta falta de alternativas es abrumadora; incluso mencionaron haber recibido números falsos para pedir ayuda.
Por su parte, Miguel Reyero, portavoz de Médicos del Mundo en Baleares, dejó claro que “la cárcel es el último refugio”. Es fundamental que las autoridades tengan claro qué sucederá con estas familias y personas trabajadoras que simplemente están atrapadas en la precariedad. “Expulsarlas solo hará que su situación empeore”, añadió Reyero. En Sa Presó viven tanto familias como individuos que luchan día a día contra la exclusión social.

