En un esfuerzo desesperado por limpiar lo que parece un auténtico vertedero, los operarios de Emaya se presentaron en la entrada del antiguo recinto carcelario, justo al lado de la Carretera de Valldemossa. ¿El motivo? Reducir el riesgo de incendios que han aumentado peligrosamente en las últimas semanas. Sin embargo, esta situación ha desencadenado un enfrentamiento entre Cort y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
Durante una mañana frenética, los trabajadores lograron retirar más de tres toneladas de basura en apenas un par de horas. ¡Increíble! Pero eso no es todo. También sellaron las barreras que conectan con las celdas donde algunos residentes, que prefieren permanecer en el anonimato, intentaban acceder al lugar para recuperar sus pertenencias. Mientras tanto, otros hacían cola ante el control permanente instalado por la Policía Local.
Preocupación latente
Javier Bonet, primer teniente de alcalde, no se anduvo con rodeos al expresar su preocupación: “Aquí hay un verdadero riesgo para la vida. La seguridad debe ser prioritaria.” Y es que ya se han vivido momentos críticos; solo hace unos días hubo que enviar a los policías locales con extintores porque unos colchones habían comenzado a arder. “No me gustaría cargar con la culpa si ocurre una desgracia”, añadió Bonet.
A pesar del rechazo por parte del Ayuntamiento sobre el número exacto de ocupantes —más de 60 personas viven allí—, Ángela Pons, portavoz de la PAH, alertó sobre medio centenar más sin censar. La realidad es cruda: muchos enfrentan una elección entre vivir en condiciones precarias o arriesgarse a perderlo todo.
Gema, una residente cuyo día a día es una lucha constante, comentó desolada: “No nos ofrecen ni siquiera una tienda de campaña”. Trabaja como limpiadora y actualmente está en baja médica, esperando ser operada. Junto a su pareja, quien trabaja como pintor vertical, suman ingresos modestos que no alcanzan para satisfacer las exigencias del mercado actual. Hasta ha llegado a plantearse acampar en el parque cercano.

