El vehículo de Ainhoa Iscar, una trabajadora del centro de salud de Palma, se encuentra aparcado en una plaza reservada. Pero detrás de esa imagen cotidiana se esconde una historia que refleja la frustración y el dolor de cabeza que le genera la burocracia. Con su discapacidad que le obliga a moverse en silla de ruedas, Ainhoa ha visto cómo este proceso se convierte en un auténtico laberinto.
En los últimos días, ha intentado renovar su tarjeta y autorización para poder estacionar sin problemas cerca de su trabajo. Sin embargo, las trabas administrativas le han complicado la vida más de lo esperado. «De aquí a día 4, ¿cuántas multas me van a poner?», se pregunta con desánimo mientras recuerda cómo antes podía hacer el trámite casi al instante: solo era cuestión de pedir cita, pagar y llevarse la placa. Ahora todo ha cambiado: hay que presentar una solicitud y luego volver dos veces. Para colmo, su cita no es hasta el 4 de marzo.
La incertidumbre diaria
Este pasado domingo fue el día en que caducó su tarjeta, lo que añade presión a su situación actual. «No me puedo mover sin esta tarjeta. Necesito poder aparcar cerca del trabajo y no sé qué haré si me ponen una multa antes de conseguirlo», lamenta Ainhoa, visiblemente molesta por la ineficiencia del sistema.
A pesar de haber iniciado el proceso hace tres semanas, sus necesidades parecen no ser prioridad para las oficinas municipales. «Me dicen que hay otros casos delante del mío, pero yo ya he solicitado esto desde hace tiempo y mi situación es diferente», dice con amargura. La desesperación crece cuando intenta comunicarse con ellos; parece como si sus llamadas cayeran en saco roto. En resumen: ella sigue esperando entre papeles mientras la posibilidad de recibir una sanción acecha cada vez que aparca.
Ainhoa ha dejado visible toda la documentación necesaria en su coche para demostrar que está en regla y ha pedido ayuda a quien pueda escucharla. Su esperanza es clara: que su caso ayude a acelerar estos trámites para otros como ella. Mientras tanto, solo queda esperar al día 4 con los dedos cruzados.

