Han sido años de incertidumbre y molestias, pero parece que por fin la espera está llegando a su fin. Las obras del complejo de piscinas y aparcamiento en s’Aigo Dolça, un rincón emblemático de Palma, están a punto de concluir. Después de tanto polvo y ruido, los residentes, comerciantes y el vecindario sienten que han estado atrapados en una pesadilla.
La situación ha llegado al punto en que algunos han optado por marcharse temporalmente para escapar del bullicio y el caos. «Estamos cansados», dice uno de los vecinos que ha visto cómo su rutina se ha visto alterada con cortes intermitentes de luz o gas. La frustración es palpable: «No nos creíamos lo que nos decían. Hemos pasado años esperando y solo queremos que esto termine». Y es que, aunque las obras están en su recta final, el desgaste emocional ha sido intenso.
Esperanza tras tres años complicados
El complejo prometido incluye dos piscinas, una grande de 25 metros y otra más pequeña. La edificación se extiende por cerca de 6.000 metros cuadrados con seis plantas escalonadas; tres dedicadas a aparcamiento y otras tantas para las instalaciones deportivas y espacios versátiles. ¿El costo? Aproximadamente 1.117 millones de euros, con apoyo también de Fondos Europeos.
A medida que se acerca la apertura prevista para el verano, los habitantes esperan ver un cambio real en su comunidad. Como señala un vecino esperanzado: «Al menos queremos que este esfuerzo repercuta positivamente en el barrio después de todo lo vivido». En este punto estratégico entre el Paseo Marítimo y Gomila, anhelan recuperar lo perdido con la llegada del nuevo complejo deportivo, un símbolo renovado para Palma.

