Imagina un lugar donde la historia se siente en cada ladrillo, donde el paso del tiempo ha dejado su huella. Así es el túnel del ferrocarril que atraviesa Palma, una joya que este 5 de febrero celebra nada menos que 95 años desde su apertura. Inaugurado en 1931, este túnel fue mucho más que un simple pasaje; se convirtió en una arteria vital para el abastecimiento de la ciudad y de toda la Isla.
Durante esos oscuros días de la Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, su robustez lo transformó en refugio antiaéreo. ¡Quién iba a pensar que un túnel podría ofrecer seguridad en tiempos tan inciertos! Con accesos habilitados en la Plaça Major y cerca del Teatre Principal, este espacio cobijó a muchos buscando protección.
Un legado que no debemos olvidar
A medida que los años pasaron, la línea ferroviaria siguió funcionando. En sus últimos tiempos activos, facilitaba el envío de carbón desde Lloseta hacia Alicante. Pero llegó 1965 y con ello el cierre de esta línea. Desde entonces, el túnel ha sufrido varias modificaciones. Recuerdos de un pasado glorioso se fueron desdibujando cuando parte del túnel fue cortado durante las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaça Major; una herida difícil de sanar.
A pesar de los cambios, hoy todavía podemos acceder a este símbolo histórico desde el Parc de la Mar y admirar lo que queda hasta llegar a los aparcamientos de la Plaça Major o incluso al tramo entre esta plaza y la Plaça d’Olivar. Gracias a entidades como la Associació d’Amics del Ferrocarril de les Illes Balears, se sigue promoviendo su valor cultural como puente entre generaciones. La reforma del Paseo Marítimo o la Plaça Major son oportunidades únicas para revitalizar este patrimonio olvidado y recordarnos que nuestra historia merece ser conservada.

