Con el invierno avanzando, en Mallorca algo extraño comienza a notarse. No es nuevo, pero la imagen que nos trae la procesionaria al entorno del bosque y del icónico Castell de Bellver despierta inquietud. Estamos en esa época del año donde las orugas empiezan a descender de los árboles, aunque este año, por culpa del cambio climático, parece que han llegado antes de lo habitual.
Una invasión silenciosa en nuestros bosques
A medida que recorremos los caminos boscosos de Bellver, uno no puede evitar verlas: orugas asomándose entre papeleras y bancos. Es un espectáculo que aterra un poco, especialmente cuando te das cuenta de que estas largas ristras están buscando su camino hacia el suelo. Y si miras hacia arriba, ¡oh sorpresa! Encontrarás bolsas enormes colgando de las ramas; muchas ya caídas por los fuertes vientos que han sacudido Palma recientemente.
Pese a los esfuerzos realizados por el Ajuntament de Palma, como tratamientos preventivos y erradicación activa mediante la retirada y quema de nidos, la lucha contra esta plaga se complica en lugares tan frondosos como Bellver. ¿Es suficiente? La respuesta parece ser no. Con cada semana que pasa, se hace más evidente que estamos ante un problema serio.
A medida que seguimos observando cómo avanza esta situación en uno de los pulmones verdes de nuestra ciudad, solo podemos preguntarnos: ¿qué más podemos hacer para proteger nuestros espacios naturales? La naturaleza necesita nuestra ayuda y está claro que esto no es algo que podamos tirar a la basura.

