El Bar Mavi y el Bar Pigalle, dos rincones emblemáticos de la calle 31 de Diciembre en Palma, se llenaron de risas y buen ambiente durante las tradicionales cenas al calor de la brasa. A pesar del frío y la lluvia que ha azotado estos días, un grupo numeroso de amigos, vecinos y clientes no dudó en acercarse para disfrutar de una velada única. La magia de estas fiestas de Sant Sebastià radica en compartir momentos juntos alrededor de las torradoras.
Un festín a pesar del mal tiempo
Las calles se inundaron con el aroma irresistible de chorizos, longanizas y pancetas asándose al fuego. Un ambiente distendido, abrigados con chaquetas gruesas y sonrisas cómplices, donde todos parecían ser parte de una gran familia. Las charlas fluían entre cervezas bien frías, mientras los más pequeños se deleitaban con hamburguesas bañadas en salsa de tomate y mostaza.
Aunque este año faltaron los foguerons y las actuaciones musicales debido a un trágico accidente ferroviario en Córdoba que conmovió a todos, la esencia del encuentro no se perdió. Los toldos del Bar Pigalle ofrecieron refugio para que nadie se quedara sin su ración caliente. «Es un poco incómodo llegar a casa oliendo a humo», bromea Catalina Socías mientras espera su turno junto a otras parejas en el Bar Pigalle. Pero eso es parte del encanto: vivirlo intensamente.
Juan, cliente habitual del Mavi, comparte su experiencia: «Vengo cada mañana por mi café antes del trabajo; aquí somos como una pequeña familia». En definitiva, estos encuentros culinarios son el alma viva del barrio; un homenaje a lo simple pero significativo: buena comida y compañía inmejorable.

