Imagina asomarte a una ventana y, sin saberlo, mirar hacia un trozo olvidado de la historia. Esto le sucedió a Juan Tous Melià, quien vivía en los edificios militares que alguna vez se alzaron sobre el Baluard des Príncep. Mientras recordaba su infancia, nunca pensó que aquel rincón de su niñez escondía los vestigios del desaparecido astillero de sa Calatrava. Todo cambió cuando encontró un plano antiguo en el archivo de Simancas. “Llevo más de treinta años dedicado a la cartografía y siempre estudio los planos de Balears”, comparte Tous con emoción.
A sus pies, donde antes estaban esos edificios —demolidos en 2007—, emergía una drassana justo en el foro del Baluard des Príncep. Pero aquí está la trampa: las obras de rehabilitación llevan años paradas. “No había documentación sobre este lugar; nadie sabía nada”, confiesa Tous, con esa frustración que todos sentimos cuando nos topamos con la ignorancia histórica. Sin embargo, hurgando entre archivos encontró referencias a Juan Real, un auténtico maestro constructor que desde 1750 dejó huella construyendo jabeques.
La importancia de Juan Real y sus jabeques
Real no solo era un experto en barcos ligeros que navegaban a vela y remos; fue pionero en conectar Mallorca con Valencia y Barcelona en tiempos donde eso era una hazaña monumental. “Eran muy veloces”, explica Tous mientras relata cómo estas naves se convertían en los primeros correos marítimos.
Por supuesto, no todo gira alrededor de Juan Real. En el escenario también aparece Antonio Barceló, conocido como el Capitán Toni, quien enfrentaba piratas argelinos mientras su contemporáneo se dedicaba a crear maravillas flotantes. A pesar de esto, es Juan Real quien merece ser recordado por su dedicación inquebrantable a la construcción naval.
No obstante, no podemos olvidar que Palma tenía más astilleros: uno daba nombre a la Plaça de la Draçana y otros existían en Porto Pí o Can Barbarà. El propio astillero de sa Calatrava estaba justo al lado del foso actual. Durante las obras del Baluard des Príncep se descubrieron cuevas intrigantes; pero los arqueólogos no profundizaron lo suficiente para encontrar lo que podría ser parte del legado del astillero.
Aún queda mucho por explorar y descubrir bajo esas calles modernas que han transformado nuestro paisaje urbano. La gasolinera actual ocupaba lo que fue un revellín baluarte; pero ¿cuántas historias se han perdido entre ladrillos y asfalto? El mapa encontrado por Tous reveló algo significativo: “Diseño del astillero donde se construyeron dos jabeques para Su Majestad”. Los nombres eran tan veloces como las embarcaciones mismas.”

