En el corazón de Palma, el bar Indigno se ha convertido en un lugar donde la música ha dejado de sonar. Yudith Ferrales, la propietaria, está pasando por un auténtico calvario. Desde hace meses, su sueño de ver a la gente cantando y disfrutando ha quedado paralizado. Todo esto debido a una serie de complicaciones que han llevado a su local a estar en un limbo administrativo.
La historia comenzó cuando unas lluvias torrenciales hicieron estragos en el local. «El agua caía por todas partes y durante seis largos meses el seguro no pudo hacer nada porque la vecina de arriba no abría su piso», cuenta Yudith con frustración. Como consecuencia, la costosa insonorización del bar se deterioró, dejándola en una situación muy complicada.
Una batalla con las autoridades
Para colmo, la dueña del primer piso denunció al bar por ruido excesivo. La Patrulla Verde llegó y midió hasta 19 decibelios, lo que resultó en una multa escalofriante de 12.700 euros impuesta por Cort. «Vinieron dos semanas después sin haber hecho ninguna reforma y solo se registraron 7 decibelios», señala Yudith, indignada ante lo que considera una injusticia.
A pesar de todo esto, Yudith se aferra a la esperanza. Su negocio tiene una licencia de actividad desde 2010 que permite el karaoke siempre que no haya escenario ni conciertos profesionales: «Siempre ha sido así mientras cumplamos con el aforo», recuerda.
Hoy día, clientes preguntan constantemente cuándo podrán regresar las noches de canto al Indigno. Aunque nunca cerraron del todo, han tenido que funcionar como un simple bar. Sin embargo, hay mejoras en camino: han instalado un nuevo limitador de sonido y han solucionado los problemas con los aparatos de aire acondicionado.
«Me han pedido varios documentos y he presentado todo lo requerido; entiendo que quieren asegurarse de que todo esté bien», afirma Yudith mientras espera la visita del técnico para validar las modificaciones realizadas.
La comunidad está deseando escuchar nuevamente música los viernes y sábados en el Indigno; solo queda esperar ese certificado municipal que permitirá que las voces vuelvan a resonar entre risas y alegrías.

