Hace no mucho, la vida en el camino de la Torre Redona, a las afueras de Ca’n Pastilla, era una auténtica odisea. Un asentamiento había tomado posesión de esta vía, bloqueando el acceso más rápido y cómodo hacia la calle Norai y a toda la barriada. Los vecinos, esos que han vivido allí toda la vida, se veían obligados a lidiar con un grupo de personas que ocupaba cada rincón de esa tierra, apilando somieres, muebles viejos y hasta electrodomésticos olvidados.
Imagínate: motocicletas sin matrícula y bicicletas abandonadas llenaban el paisaje, mientras algunos residentes contaban historias sobre amenazas y faltas de respeto cuando intentaban cuestionar lo que estaba sucediendo. Era una situación insostenible. Y para colmo, unas placas solares proporcionaban electricidad a ese lugar que ya parecía un campo de batalla.
El incendio y su legado
Pues bien, semanas atrás, ese espacio se convirtió en cenizas durante un incendio sospechoso que muchos creen pudo ser intencionado. La tragedia dejó a los ocupantes buscando entre las llamas lo poco que quedó utilizable. Aún se pueden ver herramientas quemadas esparcidas por ahí; objetos metálicos que antes tenían su uso pero ahora son parte del recuerdo.
Afortunadamente, tras el fuego, los restos de aquel asentamiento han despejado parcialmente el camino. Los vecinos respiran aliviados porque han recuperado parte del acceso entre el camino de la Torre Redona y la calle Norai. Sin embargo, aún hay obstáculos: clavos y hierros punzantes amenazan las ruedas de sus vehículos.
Aunque se puede pasar caminando, ellos piden algo más al Ajuntament de Palma: que intervengan para limpiar este camino definitivamente. No quieren seguir utilizando rutas alternativas complicadas; solo anhelan recuperar su conexión directa con su barrio sin tener que preocuparse por los peligros del terreno. Ellos aseguran que esta tarea no sería difícil y significaría recuperar un acceso vital después de meses bloqueados por circunstancias ajenas.

