Este lunes se vivió una reunión crucial en el Ajuntament de Palma, donde se sentaron a la mesa educadoras municipales de 0-3 años, representantes de la Conselleria de Educació, el Ajuntament y los sindicatos. El objetivo era claro: buscar soluciones que mejoren las condiciones laborales de estas trabajadoras esenciales. Pero, ¿qué pasó realmente?
Un primer encuentro sin acuerdo
Las educadoras que trabajan bajo gestión indirecta no tienen pelos en la lengua para expresar su descontento. Cobran apenas 1.200 euros al mes, mientras que sus colegas en otras modalidades perciben hasta 1.800 euros. Es un abismo salarial que no se puede pasar por alto. Tras este primer encuentro, los sindicatos salieron decepcionados y decidieron mantener las movilizaciones, incluida una posible huelga.
Antoni Vera, conseller de Educació, dejó claro que el Govern anterior había fallado miserablemente al no abordar estas problemáticas durante ocho años. «Hemos analizado la situación y tenemos que pedir disculpas», afirmó Vera con sinceridad. La reunión logró algunos acuerdos importantes: por un lado, se establecerá un diálogo más estrecho entre las trabajadoras y el Ajuntament para explorar posibles soluciones jurídicas; y por otro lado, el conseller anunció planes para crear un nuevo convenio colectivo autonómico antes del 1 de septiembre.
A pesar del optimismo inicial, muchos se preguntan si esto será suficiente para poner fin a la desigualdad salarial entre educadoras. Pepa Ramis, representante de CCOO, destacó lo inaceptable que es esta situación: «Las trabajadoras llevan veinte años ganando lo mismo». Y como si eso no fuera poco, también mencionó que este colectivo representa el 80% de la oferta pública educativa en Palma.
Todas estas luchas por mejorar condiciones son más que justas; son urgentes. Sin embargo, Ramis advirtió sobre el camino a seguir: «Continuaremos con nuestras movilizaciones porque esto ya no se sostiene más». En resumen: hoy no se alcanzaron acuerdos definitivos sobre un convenio autonómico debido a diferencias entre patronales y sindicatos. Pero hay esperanza en el aire; después de todo, cuando hablamos del futuro educativo de nuestros niños y niñas, cada paso cuenta.