La tranquilidad del Parc de Ses Estacions, un lugar que debería ser un remanso de paz para los residentes, se ha convertido en un auténtico campo de batalla. Un grupo tras otro, los bailarines llegan con sus altavoces a todo volumen y su música pegajosa, haciendo que los vecinos se sientan como si vivieran en una discoteca al aire libre. Y claro, esto ha llevado a muchos a tirar la toalla y pedirle al Ayuntamiento una solución urgente.
Una situación insostenible
La cosa comenzó como algo pequeño; solo unos pocos ensayando aquí y allá. Pero con el paso del tiempo, esa pequeña manada ha crecido hasta convertirse en una multitud ruidosa que invade cada rincón del parque. Belén, una de las vecinas afectadas, lo resumió perfectamente durante el pleno: «Al principio casi ni se oía, pero ahora no hay día que no tengamos música». La situación es especialmente crítica durante los fines de semana y con la llegada del buen tiempo. Altavoces potentes y gritos llenan el aire; incluso dentro de sus casas con las ventanas cerradas y la tele puesta, aún logran escuchar ese bullicio insoportable.
Y si pensabas que ahí terminaba todo, ¡sorpresa! Cuando el parque cierra, algunos grupos siguen la fiesta en los alrededores, comprando bebidas alcohólicas mientras la música sigue sonando. Los vecinos han hecho eco de su desesperación al Ayuntamiento; algunos incluso están considerando vender sus casas para escapar de esta locura: «Vivir frente al parque se está convirtiendo en una verdadera tortura», confesó uno de ellos.
Durante el último pleno municipal, este asunto salió a debate gracias a una moción presentada por Vox. Mientras tanto, el concejal Miquel Busquets mencionó la futura apertura de una comisaría en el parque como parte del plan para acabar con estas conductas incívicas. Sin embargo, desde la oposición critican este enfoque: «No podemos limitarlo todo a prohibiciones; necesitamos garantizar que todos puedan disfrutar del espacio público», argumentó Miquel Àngel Contreras.
Por otro lado, Luisa Marqués, regidora de Interculturalitat, aseguró que están trabajando para encontrar un equilibrio entre los deseos de los bailarines y las necesidades pacíficas de los vecinos: «Hemos hablado varias veces sobre esto. Estamos intentando mediar entre ambas partes». Lo cierto es que mientras esta mediación continúa en marcha, muchos residentes siguen esperando esa solución tan anhelada para recuperar su paz.