En el corazón de Cas Capiscol y Son Busquets, se respira una tensión palpable. Este jueves, los vecinos decidieron alzar la voz en el pleno del Ajuntament de Palma. La antigua prisión se ha convertido en un verdadero polvorín, y su temor a una escalada de violencia con el inminente desalojo es más que justificado. Gabriel González del Valle, presidente de la asociación vecinal, lo tiene claro: «Hoy han quemado un coche, tuvieron que intervenir los Bomberos. Y eso no es todo; hace poco hubo una fiesta ruidosa de reggaeton y los hurtos son moneda corriente. La situación está fuera de control».
Los residentes no solo están preocupados por su seguridad; también sienten una profunda compasión por aquellos que viven dentro del recinto. «Si ustedes no pueden solucionarlo solos, ¡pidan ayuda! Al Govern, al Consell o incluso a la Iglesia», suplicó González. Pero lo que realmente les angustia es la posibilidad de que entren los antidisturbios: «Por favor, evitemos la violencia; somos un barrio tranquilo».
La historia olvidada de la antigua cárcel
Además, el representante vecinal no dudó en criticar tanto a izquierda como a derecha por su falta de acción durante años. «Hace 20 años esta cárcel estaba en perfecto estado e incluso se usaba para microteatro. No entiendo por qué no se selló como hicieron con Son Busquets». Aún hay tiempo para actuar: «El Ajuntament tiene prisa ahora con el proyecto de rotonda del Consell que había estado guardado en un cajón», añadió.
Mientras tanto, Lourdes Roca, regidora de Serveis Socials, mencionó que hasta la fecha hay 144 personas viviendo allí y ninguna ha sido identificada como menor de edad. Pero si llegara a aparecer un niño entre ellos, actuarían inmediatamente: «Esa familia sería desalojada sin dudarlo».