Rosario, una mujer de 82 años, se ha convertido en el rostro de la injusticia en nuestra ciudad tras ser desahuciada de su piso municipal. El regidor de Urbanisme, Óscar Fidalgo, justificó este acto cruel apelando a la lista de espera para viviendas sociales. «Hay gente que probablemente esté en peor situación y está dispuesta a cumplir los compromisos del Patronato de Vivienda», dijo durante el pleno. Pero, ¿acaso es justo dejar a una anciana en la calle por eso?
La realidad detrás del desahucio
Lucía Muñoz, regidora de Podem, no pudo evitar interpelar a Fidalgo sobre esta situación tan indignante mientras se debatía sobre otros desalojos. La historia de Rosario se entrelazó con las necesidades urgentes que enfrentan muchas personas vulnerables. Su hijo Jorge y su exnuera Soraya estaban allí, viendo cómo se discutía el futuro de su madre sin poder decir nada. Desde Serveis Socials le ofrecieron un alojamiento temporal por solo 15 días, pero ellos saben que la solución real pasa por mantenerla cerca de su familia.
«La solución que nos dan es meterla en una residencia y nos negamos», comenta Jorge con tristeza. Después del desalojo, Rosario dejó atrás todas sus pertenencias; lo poco que pudieron rescatar fue repartido entre coches y casas cercanas porque todo ocurrió tan rápido que apenas tuvieron tiempo para reaccionar.
Fidalgo sostiene que Rosario no paga desde 2018 y acumula más de 11.000 euros en deuda. Pero esa cifra no puede eclipsar la realidad humana detrás del número: una anciana sola luchando contra un sistema implacable. Es inaceptable enfrentar al último con el penúltimo, como bien apuntó Muñoz durante su intervención: «¿Qué clase de ayuntamiento cruel deja en la calle a una señora mayor? Para ustedes solo existe su deuda». Sin duda alguna, estas palabras resonaron fuerte y claro.
Es desconcertante pensar cómo hemos llegado aquí; esta es la política actual en materia de vivienda: desahucio tras desahucio. Menos mal que aún hay voces valientes como las de Lucía Muñoz que alzan la voz por aquellos a quienes se les quiere silenciar.