En pleno corazón de El Terreno, un rincón que guarda historias de antaño, el monumento en homenaje a Pau Gomila se encuentra en una situación preocupante. ¿Cómo es posible que un símbolo tan querido por la comunidad esté sufriendo tanto? Hace unas semanas, los vecinos ya expresaban su indignación ante la rotura de las baldosas del mosaico que rinde tributo al artista. Pero lo que parecía ser una alerta se ha convertido en un grito desesperado ante el vandalismo y el abandono que están dejando huella en este lugar emblemático.
No solo falta parte del mosaico; ahora nos encontramos con pintadas que ensucian la memoria de Gomila. ¿De verdad necesitamos más grafitis cuando la historia misma está grabada en cada baldosa? Estas inscripciones, hechas con rotulador, parecen querer borrar lo que representa este espacio tan especial para muchos palmesanos. Y como si eso no fuera suficiente, las grietas en el mural donde se leen versos de Guillem d’Efak son testigos silenciosos del deterioro.
Una historia de amor y sacrificio
La familia Gomila tiene raíces profundas aquí. En el siglo XIX, establecieron su residencia vacacional en esta área, donando parte del terreno al Ajuntament para que los niños pudieran jugar y disfrutar al aire libre. ¡Qué hermosa intención! En sus días de gloria, esta plaza era conocida como ‘Sa Placeta’ y fue hogar para artistas como Camilo José Cela y Santiago Rusiñol.
A lo largo del tiempo, la plaza ha pasado por altibajos; incluso se transformó en la famosa sala de fiestas ‘Tito’s’. Hoy, un sencillo monumento recuerda su legado: una placa cerámica obra del pintor Pau Fornés intenta rescatar la esencia de lo que ofreció Gomila a su comunidad. Los vecinos luchan por preservar este espacio lleno de recuerdos. Pero es difícil mantener viva una historia cuando parece estar condenada al olvido.