La vida en el Parque de La Ribera, esa pequeña joya escondida cerca de la Playa de Palma, ha tomado un giro inesperado. Un grupo de personas sin hogar se ha instalado allí, y aunque su presencia no pasa desapercibida, la realidad es que genera una mezcla de preocupación y desasosiego entre los vecinos. Al fin y al cabo, ¿quién no se inquietaría al ver a algunos de ellos comportarse de forma inadecuada frente a turistas y niños que juegan en el parque infantil?
Una invasión silenciosa
Es triste ver cómo algunos han hecho del parque su residencia. Se esconden entre los arbustos, y dejan tras de sí un rastro poco agradable: colchones viejos, botellas vacías y latas que aparecen cada mañana como si fueran parte del paisaje. Los trabajadores del mantenimiento ya están acostumbrados a encontrarse con esta situación incómoda cada vez que llegan.
“A veces viene la Policía Local y les pide que se vayan”, cuenta un vecino con resignación. “Pero cuando se marchan por una puerta, entran por otra o saltan la verja como si nada”. Y así, día tras día, parece que estamos ante una verdadera invasión silenciosa.
Sin embargo, no todos son problemáticos. Algunos son pacíficos; simplemente buscan sobrevivir en este rincón urbano. Durante el día, muchos abandonan el parque para pedir limosna o hacer labores informales en las cercanías. Otros permanecen alrededor del recinto abierto al público durante ciertas horas, buscando algún refugio momentáneo.
No obstante, lo más alarmante es el comportamiento inapropiado de unos pocos. Algunos llegan incluso a hacer sus necesidades dentro del recinto. Esto resulta especialmente desagradable para los turistas que visitan la zona. “Cada día recojo unos diez cartones de vino y muchas latas de cerveza”, comenta uno de los encargados del parque con tristeza.
A pesar de todo esto, hay quienes siguen disfrutando del espacio verde como un lugar para relajarse y desconectar del bullicio cotidiano. Pero la sombra constante de esta problemática plantea preguntas difíciles sobre nuestra sociedad y cómo nos relacionamos con aquellos que viven al margen.