En un rincón de Palma, los regidores de Més, Miquel Ángel Contreras y Neus Truyol, han alzado la voz este lunes. Lo hacen para denunciar lo que consideran una auténtica condena al suelo agrario del Molinar, que parece estar destinado a convertirse en un mar de asfalto y especulación. Según ellos, esto no solo pone en peligro el patrimonio agrícola, sino que también repercute directamente en nuestra calidad de vida.
Un nuevo decreto que afecta a todos
Truyol no se ha quedado callada. Ha señalado con firmeza que el nuevo decreto del Govern, creado para impulsar las 20.000 viviendas previstas en el Plan General, está encareciendo los pisos que pasan de protección pública a precios limitados. ¿El resultado? Una subida del 30% en los precios. “Esto solo beneficia a unos pocos”, ha lamentado la portavoz.
Aquella promesa del pasado, donde se garantizaba que al menos la mitad de los nuevos pisos serían asequibles, ahora parece haberse esfumado. La concejala recordó con pesar que el PP ha cambiado las reglas del juego, permitiendo que las viviendas protegidas cuesten más por ser consideradas ahora de precio limitado.
No solo eso; también se ha dado luz verde a un viejo proyecto: construir una carretera de 22 metros en Son Bordoy sobre una vía actualmente estrecha. “Esto cortará diagonalmente la última gran zona agraria del Molinar”, advierte Truyol, quien teme por el futuro urbanístico del área y por cómo esto afectará la vida diaria de sus vecinos.
La regidora ha sido clara: “Cuando abrimos la puerta a una carretera en suelo rústico, ya sabemos cómo sigue la historia: vendrán las urbanizaciones”. Y es cierto; su preocupación está fundamentada en años de luchas previas por proteger este espacio tan valioso para todos nosotros. Aún recordamos cómo hace más de diez años entidades ecologistas y partidos como Més han estado defendiendo esta tierra con uñas y dientes.
El Plan General aprobado recientemente contemplaba soluciones para evitar esta destrucción territorial; sin embargo, lo que se propone ahora contradice todas esas promesas y compromisos. Por eso hoy más que nunca necesitamos unirnos y ser conscientes del impacto real que estas decisiones tienen sobre nuestro hogar.