Palma

Educadoras de escoletas municipales: luchando por un salario digno

Mercedes Leo, Margarida Ramis, Davinia Mesa y Cristina Martí son solo cuatro de las 130 educadoras que enfrentan una realidad desgarradora. Se consideran trabajadoras pobres, vulnerables y completamente dependientes. A pesar de su importante labor en aulas llenas de risas y llantos, donde cuidan desde siete bebés recién nacidos hasta 18 niños de dos a tres años, sus salarios apenas alcanzan los 1.184 euros al mes tras un reciente aumento. Y eso no es todo; el 40% del material educativo lo sacan de su propio bolsillo.

Un grito por la igualdad salarial

Es impactante saber que el 99,6% son mujeres, muchas con formación especializada y una pasión inmensa por su trabajo. Sin embargo, se sienten menospreciadas al comparar su sueldo con el de sus compañeras en las escoletas de gestión propia, donde ganan hasta 1.800 euros mensuales. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha reconocido que no tiene sentido esta disparidad: «No puede haber trabajadoras que hagan las mismas tareas y unas cobren más que otras».

A pesar de estas palabras alentadoras, las educadoras siguen escépticas. «Queremos verlo por escrito», dice Mercedes Leo, dejando claro que no se dejarán engañar fácilmente. Llevan demasiado tiempo lidiando con una precariedad insostenible y saben que no pueden esperar un año y medio para ver cambios reales en sus condiciones laborales.

La situación económica es alarmante; vivir en Mallorca con 1.184 euros es casi una utopía en un lugar donde los precios no dejan de subir. Las historias personales son desgarradoras: Cristina comparte cómo su coche viejo acaba de romperse mientras acumula facturas impagadas. Margarida lucha entre ser madre soltera y estudiante mientras considera abandonar sus sueños académicos debido a la presión económica.

No les queda otra opción que buscar trabajos adicionales para poder llegar a fin de mes: desde camareras hasta canguros en fiestas infantiles o cuidadores en bodas. “Somos madres ausentes porque tenemos dos empleos. Educamos a otros niños mientras nuestros propios hijos quedan al cuidado de otros”, lamenta Mercedes.

A medida que avanza esta lucha por la justicia salarial, las educadoras esperan ver cambios reales pronto, porque lo merecen: ¡su esfuerzo diario debe ser valorado!

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