La antigua prisión de Sa Presó se ha convertido en un hogar para casi 300 personas, pero el futuro se presenta sombrío. La semana pasada, la Policía Local llegó con notificaciones de desalojo por okupación de un bien público. «¿Dónde nos vamos ahora?», es el grito desesperado que resuena entre sus habitantes. Este jueves, tres furgones patrullaban los pasillos vacíos, abriendo puertas a las celdas donde se esconden sueños rotos y esperanzas marchitas.
Una vida en la cuerda floja
Bryan Alexis Córdoba, un colombiano de 24 años que ha hecho de esta prisión su hogar durante casi un año, expresa su angustia: «¿Acaso le hacemos daño a alguien? Cuando nos echen me iré a la calle o a un parque. Sin documentos aquí no hay trabajo». Vino desde su país natal gracias al esfuerzo de sus padres, pero la realidad es dura; los precios del alquiler son inalcanzables. En este laberinto hecho hogar, se han formado pequeñas comunidades entre montañas de basura y carritos abandonados.
Carlos, otro residente colombiano, comparte su historia mientras Natalia juega con dos cachorros. «Vivo aquí con mi novio y ya hemos tenido problemas con otros grupos. No estamos aquí por gusto; no tenemos opción», dice con resignación. Entre ratas y escasez, luchan por mantener una vida digna en un lugar que parece haber olvidado lo que significa ser un hogar.
María también siente la presión del inminente desalojo: «Estoy cagada. No tengo para pagar una vivienda». Con solo 480 euros al mes en concepto de ayuda social, el miedo está presente cada día entre las paredes frías de Sa Presó. La tensión aumenta cuando escuchamos gritos nerviosos: «¡Que nos echan a la calle! ¡Que esta vez va en serio!». Cada rincón cuenta historias como estas; historias de lucha y resistencia frente a una realidad implacable.
En este contexto incierto, todos esperan ansiosos el 23 de marzo, fecha clave que decidirá el destino de quienes han encontrado refugio aquí. ¿Qué sucederá cuando las puertas finalmente se cierren? La pregunta queda flotando en el aire mientras estos valientes habitantes intentan sobrevivir en una sociedad que parece haberles dado la espalda.