Palma está a punto de vivir un cambio significativo. La antigua cárcel, un lugar que ha sido testigo de tantas historias, se prepara para despedirse. Según la regidora de Serveis Socials, Lourdes Roca, el Ajuntament ha iniciado este miércoles el procedimiento para desalojar a los actuales residentes y comenzar las obras de demolición en junio. Un paso decidido que viene acompañado por una preocupación real: la seguridad.
Durante una reciente reunión del Consell Social de la Ciutat, Roca reveló que se reunió con Óscar Fidalgo, concejal de Urbanisme. Juntos han trazado un calendario claro; el objetivo es completar el desalojo en tres meses. Y es que no se puede dejar esta parcela sin uso ni un instante más: podría convertirse en un nuevo foco de problemas.
Un terreno por liberar y nuevos proyectos en mente
Este proyecto no solo liberará casi 3.000 metros cuadrados, incluyendo espacios sin construir, sino que también pone fin a unas instalaciones que están en un estado deplorable. Los antiguos módulos y bloques donde residían los funcionarios son un auténtico peligro: riesgo serio de incendios y derrumbes por la acumulación de basura y materiales inflamables.
No podemos olvidar la inseguridad; este fue uno de los argumentos del Ajuntament para justificar el desalojo. Pero hay algo más detrás: el deseo de poner este suelo al servicio del bien común mediante proyectos públicos.
El alcalde Jaime Martínez no ocultó su visión durante una rueda de prensa reciente: “Queremos destinar este terreno a viviendas”. Aunque aún no está todo claro sobre qué tipo exacto se construirán, se barajan opciones como viviendas protegidas o soluciones habitacionales relacionadas con servicios sociales para colectivos vulnerables.
Aún así, antes de entrar en esa fase definitiva habrá que lidiar con otro asunto importante: la movilidad. Se prevé construir una rotonda y un nuevo vial para mejorar la conexión con la Ma-20; todo esto bajo la responsabilidad del Consell de Mallorca, quien ya está trabajando en ello.
No olvidemos que hace poco menos de un año el Ajuntament decidió rescindir un contrato anterior para dar usos culturales a la prisión. Esa era otra historia; ahora miramos hacia adelante con determinación. La antigua prisión abrió sus puertas en los años 60 y cerró sus rejas en 1999; desde entonces ha sido parte del paisaje palmesano esperando su momento para renacer.