En el corazón de Palma, Son Banya se presenta como un laberinto de problemas urbanísticos que parecen escapar a cualquier control. El Ajuntament ha admitido, en boca del regidor de Urbanisme, Óscar Fidalgo, que es «complicado» multar las infracciones que asolan este poblado. Aunque ya se han iniciado acciones contra las últimas ilegalidades —como la construcción de una gran pista de hormigón o la instalación de letreros luminosos— la intervención se torna un verdadero desafío.
Una lucha constante y silenciosa
Fidalgo ha dejado claro que el Ajuntament no se queda cruzado de brazos; actúa siempre, aunque parezca que lo hace en la sombra. «Cuando los medios informan o cuando no», insiste. Pero hay un detalle que complica todo: muchas de estas actuaciones ocurren en plena noche, en situaciones donde es casi imposible levantar una denuncia hasta que ya son evidentes. “Es frustrante”, dice el concejal, mientras reconoce el esfuerzo continuo del personal municipal para lidiar con la situación en Son Banya.
Un ejemplo reciente fue el derribo de fortificaciones levantadas por clanes a la entrada del poblado durante el verano pasado. Sin embargo, Fidalgo no ha podido aclarar si hubo consecuencias para quienes construyeron esos muros ilegales. “Aquí conseguir información sobre quiénes son los responsables es complicado”, afirma, añadiendo que esto se asemeja más a una cuestión de inteligencia policial que a simples denuncias ciudadanas.
A pesar de las intervenciones para retirar maquinaria pesada o eliminar casetas ilegales, Son Banya sigue siendo un lugar donde convergen múltiples problemáticas: desde vulnerabilidad social hasta cuestiones graves de orden público. La situación pide a gritos una solución efectiva y urgente antes de que sea demasiado tarde.